Page 19 - Revista Estilo de Vida Edición 28
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Allí estuve en marzo con unos amigos extranje- ros, quienes –al igual que yo- se sorprendieron con cada detalle. Lo cierto es que nos recibió una melodía suave; luego, uno de los meseros, con una voz magistral, nos cantó para hacer- nos más placentera la velada, mientras yo me dejaba llevar por los encantadores olores de los condimentos, de los aromas que desatan las muelitas de cangrejo al ajillo y los cítricos. A esa escena fascinante se unía, secuencial- mente, el frío de un poderoso Chardonnay, los jugos del lomo al trapo con cada esfera trans- parente de la sal, las finas piedritas explosivas de la pimienta, el fuego que le da la magia a la crème brûlée y la presencia del romero, la albahaca, la vainilla y el cardamomo –que se manipulaban de aquí allá, como ráfagas esen- ciales- y que terminaron de sellar una velada sin precedentes, en el que mis invitados y yo nos sentimos como dioses.La segunda fue en las Islas Vírgenes Británicas, teniendo como escenario el cielo, y a las estrellas, como fuente de luz propia. Me encontraba en el Pool Bar & Grill -un res- taurante íntimo, al aire libre, que hace parte del crucero de lujo Silver Wind (de Silversea)- con algunos amigos españoles, alemanes, ingleses y colombianos. La especialidad que enmarca a este lugar, deja una huella ague- rrida en el corazón, gracias a la experiencia que produce el poder cocinarse a uno mismo finas carnes, mariscos y pescados, en una piedra volcánica precalentada a 400 grados centígrados, y dispuesta sobre la mesa, te- niendo como testigo el mar. Definitivamente es como estar en casa, pero a kilómetros de distancia.Mientras la tercera se centró en el sec- tor de Usaquén, en Bogotá, específicamente en el restaurante La Provence de Andrei, en el que cada uno de sus espacios, su decora- ción y servicio transportan a los comensales hacia la Francia provenzal. Así nos sentimosjoined this fascinating escenario, the juices of “Lomo al trapo” bathed by salt crystals, explo- sive pepper seeds, the fire that brings crème brûlée to life and the presence of rosemary, basil, vanilla and cardamom (manipulated from here to there, like essential bursts) that ended up sealing an unprecedented night, one that made my guests and I feel like deities.The second time was at the British Vir- gin Islands, where the sky was the frame and the stars, natural light. I was at the Pool Bar & Grill -an intimate restaurant in the open, part of the Silver Wind luxury cruise (Silversea)- with some friends from Spain, Germany, England and Colombia. The specialty of this place leaves a feisty mark in your heart, thanks to the joyful experience of cooking your own fine meats, shellfish and fish, on top of a pre-heat- ed volcanic stone that seats on the table and is witnessed by the sea. This is definitely like being at home, but thousands of miles away.Third but not least, was lived in the Usaquen sector in Bogota, more specifically at La Provence de Andrei, a restaurant that transports you to Southern France with each of its spaces, decorations and services. That’s how editorial columnist Vinod Agarwal and I felt there, where we found inspiration for the development of this emotionally and cultur- ally gastronomic issue, while we awaited the well-known menu and its delicacies like the duck magret, the camembert à l’Orange Pour Deux, the portobello Au Gruyère, the Jarret D’agneau à La Moutarde De Dijon and Soupe á l’Oignon Gratinée with Pâté de Campagne. It19


































































































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